El Miércoles 26 julio 2006
por Carmen María Camacho Adarve
Un día, hace muchos años, desperté con la convicción de que la situación era insostenible. La noche anterior no había sido en nada diferente, y sin embargo sea porque las lunas andaban mal o las cosas estaban así, desde hacía varios días, esa mañana decidí que debía actuar. Lo que había llegado a su tope era esa maldita manía que tenía la realidad de interponer objeciones a todas las soluciones que yo le proponía, sin darme una explicación. ¡No porque no! , estaba exasperada. Cierto es (...)